En Tierra de poetas

 

 

Según ciertos documentos de la época, mi nombre es Silvio Manuel Rodríguez Carrillo (algunos me conocen como Smarc o Andrea). Nací en febrero de 1972 en Asunción, Paraguay, en donde culminé la carrera de Economía. Me gusta la Música (que estudié por algún tiempo), la Filosofía, la Historia, la Teología y la Literatura en general.

 

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UN SEGUNDO

Un día ya no podré comprar libros
Entonces, comenzaré a leerlos.

Un día, ya no podré leer mis libros
Entonces, comenzaré a escribir.

Un día, ya no podré escribir
Y entonces, comenzaré a vivir
Durará un segundo, y será eterno.

 

 

LA SECTA RACIONAL

Si me llamas y no voy, es porque perdí mis piernas
En la guerra de la doble moral.
Si al buscarme me aparezco en tus sueños
Es porque mi religión es tu cuerpo y tu nombre.

Yo sé que quieres un nuevo Cristo;
Uno que tenga un pueblo sin remordimientos.
Yo sé que tienes la fe en la palma de la mano,
Y que te impones ignorar tu propia grandeza.

Quisiera darte el gusto, ofrecerte un dios,
Pero para ser sincero, sólo puedo adorarte.
Yo quiero en ti, toda la realidad,
Y que esto sea trocar lo emocional por lo racional.

Quiero tu boca recorriéndome el vientre,
Y tocar la tela que cubre parte de mi cuerpo,
Y entonces confirmar, presentir y vaticinar,
Que una teología triste, es sólo un triste deseo.

Llamémosle la secta racional,
Y que sea una cofradía de sólo dos,
En donde nos burlemos a gritos
Del dolor ajeno, y de nuestro inmenso placer.

Yo quiero, que en mi vida seas todo,
Postrarme en posesión de la locura,
Y que el mundo se escandalice ante mi pasión,
Y que entonces me apartes, sólo para amarme.

Quiero hacerte mi exceso, consumirme
Y olvidar puramente todos los años con mi nombre,
Inmolar mi historia, y festejar mi nuevo nacimiento,
Llorar tendido mordiendo tu piel.

Si la muerte es un gesto, que sea un beso tuyo.
Si la vida es un acto, que sea tu mirada.
Y si es al revés, que mi mente encuentre el camino
Para llegar a tu sexo, y vivir en paz.

Yo no tengo la culpa.

 

 

 

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Ocurriendo el tiempo de cosas materiales:
pezones, labios, manos, cabellos
de una manera inmaterial:
en una imaginación que los ve torcidos, rotos, muertos

La estatura de tender hacia una dirección
la de aceptar ser objeto de un empuje bestial
y sonreir entonces ante la brusca, inusual
y absoluta incompletez de lo narrable

Lo que irías a hacer la noche más oscura
cuando con tus zapatos de pobre
alcances la pulcra loza del alto templo
y puedas ver la orgía salvaje de los monjes dementes

Nadando en el veneno americano
bajo el sol que pudiera ser diferente
por esa simple condición de cansancio
que tuerce el cuello y obliga a doblar las rodillas

Cuando tengas la palabra y no sepas qué decir
reflejando en tus ojos anticipadamete hastiados del mundo
la sorpresa que emite el juez ante el criminal que se entrega
la dicha confusa de los familiares de la víctima cuando el homicida se suicida

Mejor contar hasta tres en otro idioma
y comenzar a hablar del amor de los hombres
de la dulce comodidad de una amargura conocida
con la cual entablar la enterna conversación que todos hablan

Y cuando las cruces se alcen sobre tu pecho atravezándote de lado a lado
por haber practicado esos ejercicios que desarrollarían tu imaginación
qué penitencia le darías a la joven virgen puta enloquecida de fe negra
que como tú se gana la vida haciendo cosas, sin saber para qué morirá?

No es caer, es algo mucho más fino
más allá de lo cruel, un poco más allá del límite
donde la idea de desesperación apenas es una picazón ligera
donde sencillamente no hay solución, respirando al final mismo de la nada

 

 

 

PRISMA

El filo, blanco, por un instante se hizo punto en la noche
Y un momento después una sombra tembló a mi lado
La capacidad pesa más que lo que se contiene, a veces
Como cuando una probabilidad vence por sólo existir.

En el este alguna vez yo habité una ciudad
A la vuelta de pretensiones que negando destruí
Fuerza célibe, labios guardados, manos cerradas
Y la fatigada retina que todavía quería comprender.

Al actor se le acaba el aliento a mitad del festejo
De pronto las monedas no justifican lo que hace
Pero sigue, nadie lo nota, pero todos lo sienten
Y así, hay uno que se hace más fuerte que los otros, solo.

Entre los carbones ardientes estaba hundido el puñal
Ni sonrisa, ni solemne seriedad, nada grave
El pecho al descubierto, nunca la razón última
Y el acero que se arroja al corazón fundiéndose en él.

El rostro, mi rostro, se gasta, pero se endurece
Como ciertos frutos secos que así perduran
Escondiendo el agua, protegidos del fuego
Alimento incierto para el que lo sabe.

El silencio del sueño de las ballenas
El parpadeo fugaz de un águila al mediodía
El agua del pozo esperando al peregrino
El ángel que cuida de la hierba recién brotada.

La madre que susurra y al tiempo sonríe
La noche que testificará la entrega o el llanto
La marea que aprende a querer a la luna
La premonición del adolescente frente a la montaña.

Y el libro cerrado
Y los pies descalzos
Y la catedral que aguarda
Y la voz que alcanza la palabra.

Ni barro
Ni osadía
Ni ley
Ni misión.

Es el estandarte
Es la palmera nocturna
Es la silla y el jinete
Es el fantasma arrepentido.
Habla la fuente
Habla el tiempo
Habla el profeta
Habla la música.

Y entonces

La plaza queda sola
Sólo vuelan las luciérnagas
Y el tigre late y suspira
La llegada del rocío, del agua.

Nadie bajo el mar
Nadie sobre el cielo
Nadie en la oscuridad
Nadie al fin de la noche.

La rueda alrededor del fuego
El carro que se lleva al que sufrió
Lo que queda de un obsequio lejano
El prisma escondido por un niño que juega.