Desde entonces (Para ti que me oyes repetir:”te amo”). El riachuelo de mi alma supuraba lentamente. se confundía con la sangre de mi cuerpo, y yo lloraba, sintiéndome vencido como si quisiera convertir mi llanto en mar de desesperanza. Fui el pobre transeúnte de miserias caminante impostor en el filo que separa la vida de la nada. Así llegaste tú sin grandes pretensiones de realizar milagros pero llegaste a tiempo para apagar las llamas del infierno. Tan a tiempo, que te estoy amando desde entonces. Y cuando estoy contigo bebiendo el jugo dulce de tu cuerpo, en una total relajación de mente. Espero en mi locura el sol del otro día, reluciente en su silla de amatistas. Para besar mi dicha en el contorno de tus bellos ojos, amor mío. jois